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viernes, 5 de febrero de 2016

En Siria las bombas siguen cayendo contra los de siempre

Los tiempos de la geopolítica son malos tiempos para los pueblos. Los intereses geoestratégicos rara vez concuerdan con los de las mayorías sociales. Desde hace meses una coalición internacional formada por decenas de países bombardea Siria. Unos, supuestamente, contra posiciones de Daesh, aunque con escasos resultados militares. Otros, como Rusia e Irán, contra lo poco que queda de la oposición al dictador Assad. Ayer la aviación rusa derribó el último hospital que quedaba en pie en Alepo.
Pero una parte de la izquierda, movida por viejos enfoques “campistas”, solo reacciona a las injerencias imperialistas dependiendo del origen de las bombas. Sin embargo, las consecuencias de unas y otras son similares: masacre a diario de civiles, desestructuración de lazos sociales y más huida del país. Rusia y Assad usan la amenaza de nuevos flujos de refugiados hacia Europa para obtener un trato preferencial en las negociaciones de paz ahora estancadas. De la misma forma que Turquía rasca fondos europeos para ejercer de policía de fronteras. Migrantes, refugiados y población civil son utilizados como meras monedas de cambio en el macabro juego geoestratégico.
Las lealtades de las y los anticapitalistas están con los pueblos en lucha, no con los dictadores locales ni con las potencias extranjeras, sean del color que sean. Nuestro internacionalismo solo tiene fronteras de clase y nuestros gritos de ‘No a la guerra’ sonarán igual de fuertes independientemente del “campo” del que caigan las bombas contra los pueblos.






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